top of page

Proceso creativo: cómo construir una práctica más consciente y personal

Este artículo contiene algunos enlaces de afiliados. Quedate tranquila que solo recomiendo recursos que uso en mi día a día y que de verdad considero valiosos.


Espacio creativo con cuaderno, materiales artísticos y elementos naturales en tonos suaves, representando un proceso creativo consciente y personal.


En el post anterior te hablaba de esos recursos que nos acompañan a la hora de crear: herramientas, materiales e ideas que nos abren puertas nuevas. Pero con el tiempo me di cuenta de algo clave: llenarse de recursos no es lo mismo que tener un proceso.


Podemos tener los mejores materiales del mercado, guardar cientos de referencias en carpetas o probar mil técnicas distintas... y, de golpe, sentir que igual estamos trabadas frente a la hoja en blanco o que todo se nos vuelve un caos.


Ahí fue donde empecé a mirar el proceso creativo con otros ojos. No como algo mágico que aparece de la nada cuando llega la inspiración, sino como algo que se construye: de a poco, con constancia, observando mucho y, sobre todo, desde un lugar más consciente.


Este post es una invitación a eso. A bajar un poco el ruido de afuera, a soltar esa presión de que todo tiene que salir "bien" de entrada, y a empezar a armar un proceso creativo más tuyo, más flexible y bien personal.



Inspiración y proceso creativo: por qué no alcanza con esperar


Durante mucho tiempo pensé que la creatividad funcionaba a base de momentos mágicos. Como si hubiera que sentarse a esperar que caiga del cielo una claridad repentina, la idea perfecta o una sensación de total certeza. Y obvio, cuando eso no pasaba, me bajoneaba y lo interpretaba como una falta total de inspiración.


Pero con los años empecé a darme cuenta de otra cosa. La inspiración existe, claro que sí, y es hermosa. Pero no es magia ni aparece de la nada. Muchas veces te sorprende en el medio del barro: mientras probás, mientras te equivocás, mientras hacés algo sin estar del todo segura de hacia dónde vas. No llega como un rayo perfecto, sino en forma de pequeñas señales que aparecen cuando ya estás en movimiento.


Esperar a sentirnos completamente listas o "inspiradas" para recién ahí arrancar, lo único que hace es alejarnos de la práctica. En cambio, cuando empezás igual —aunque no sepas muy bien qué estás buscando—, es ahí cuando hacen clic esas conexiones, esas ideas y esas decisiones que antes no veías ni de casualidad.


La inspiración, en ese sentido, no es el punto de partida.

Es algo que se construye mientras hacés.


Bocetos artísticos y notas creativas sobre una mesa de trabajo cálida, representando un proceso creativo en desarrollo.
A veces las ideas aparecen mientras hacemos, probamos y dejamos espacio para explorar sin tener todo resuelto desde el principio.


El proceso creativo como algo 100% personal


Con el tiempo también entendí que así como no existe un único momento para conectar con la creatividad, tampoco hay una sola forma de crear. Cada proceso es un mundo. Y de hecho, incluso a una misma, la manera de trabajar le va cambiando según el momento de la vida.


En mi caso, algo que me pasa un montón es que las ideas se me acumulan. Empiezan a surgir mil cosas al mismo tiempo y, en lugar de sentirlo como algo inspirador, se me vuelve un poco abrumador. Es una sensación rarísima, porque amo crear, pero a la vez necesito frenar un toque para poder ordenar todo ese torbellino.


Ahí fue donde empecé a darle lugar a algo que antes ni consideraba parte del trabajo: bajar un cambio. Anotar, armar esquemas, dejar que las ideas respiren un poco antes de salir corriendo a querer convertirlas en un proyecto terminado.


Con el tiempo, incluso me armé unas páginas simples en mi cuaderno para acompañar ese momento; un espacio cómodo donde puedo escribir, tirar líneas sin presión y organizar lo que va saliendo a la superficie mientras la mente se va calmando. Si sentís que te vendría bien tener ese tipo de soporte para tus días de caos, podés chusmearlas acá.


Más que un recurso "productivo" (así, entre comillas), las pienso como una forma de hacer que todo el camino sea un poco más habitable. Porque seamos honestas: no siempre se trata de producir más y más rápido, sino de encontrar una manera más amable de sostener eso que tenemos ganas de crear.



Distintas maneras de encarar el proceso


Algo que fui entendiendo con los años es que mi forma de trabajar no es la única ni mucho menos la mejor. Hay procesos que son más intuitivos y libres, como el que suelo necesitar yo en ciertos momentos. Pero también hay estructuras más organizadas que son igual de válidas y que, para muchas creativas, resultan indispensables para no perder el rumbo.


A veces, cuando las ideas están demasiado dispersas, tener un mapa o una estructura externa te ayuda un montón a ordenar, priorizar y avanzar con una dirección más clara. Y ojo, no lo pienses como una jaula rígida, sino más bien como un marco que te sostiene y te contiene.


Si sentís que en esta etapa estás necesitando algo un poco más guiado, hay planners que están buenísimos y que acompañan este tipo de mentalidad. Hace un tiempo me crucé con uno que me pareció especialmente lindo y funcional, con espacios pensados para definir ideas, bajar proyectos a tierra y darles continuidad paso a paso sin volverte loca. Le podés dar una mirada acá.


Al final, no se trata de encontrar "la receta mágica", sino la opción que mejor se adapte a tu momento actual, a cada proyecto y a tu propia forma de pensar. Porque el proceso creativo, más que un caminito marcado que tenemos que seguir a ciegas, es algo que vamos construyendo a nuestra medida.


Cuaderno creativo abierto con planificación artística, notas y materiales organizados sobre un escritorio minimalista y cálido.
A veces, una estructura suave también puede ayudar a sostener el proceso creativo y darle más claridad a las ideas.

El proceso creativo también cambia


Con el tiempo fui entendiendo que el proceso creativo no es algo que se domina de una vez y para siempre. Cambia, se transforma, se vuelve súper claro en algunos momentos y un mapa borroso en otros. En lugar de vivir intentando controlarlo todo el tiempo, empecé a darme cuenta de que el proceso también necesita su propio espacio.


Espacio para equivocarse, para no saber del todo qué estamos haciendo, para probar cosas nuevas sin la presión de tener una respuesta inmediata. Tal vez no se trate de encontrar la fórmula perfecta para crear, sino de ir construyendo una relación más honesta con nosotras mismas y con nuestra práctica. Una relación que se pueda ir adaptando a lo que necesitamos en cada etapa.


Porque al final del día, crear no es solamente llegar a un resultado final o colgar una obra terminada. Es aprender a habitar ese camino, a disfrutarlo, incluso cuando todavía no está del todo claro hacia dónde nos está llevando.

 

Y por acá... ¿cómo es tu proceso creativo hoy? ¡Me encantaría que me cuentes en los comentarios!


Comentarios


Vero Cura - Arte e Ilustración

bottom of page